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La inteligencia artificial y su impacto en el medio ambiente

Autor: Keimer Castillo.

Con la llegada de la inteligencia artificial muchos sectores se han venido transformando, desde la educación hasta la industria, generando avances tecnológicos impresionantes. Sin embargo, detrás de su crecimiento acelerado se esconde un impacto ambiental que pocas veces se tiene en cuenta, el cual se refleja el alto consumo de energía, gasto de agua y las altas emisiones de carbono que genera.

A medida que la IA se vuelve más sofisticada, su demanda energética sigue en aumento. Desde asistentes virtuales hasta sistemas de reconocimiento facial y procesamiento de lenguaje natural, cada aplicación depende de enormes cantidades de datos y cálculos computacionales. Esto lleva a plantearse una pregunta clave: ¿es posible equilibrar el desarrollo de la IA con la necesidad urgente de reducir nuestro impacto ambiental?

Un consumo energético preocupante

Entrenar modelos de IA, sobre todo los basados en aprendizaje profundo, requiere una capacidad de procesamiento enorme. Esto implica el uso constante de centros de datos que funcionan las 24 horas del día y consumen cantidades descomunales de electricidad. Estudios recientes muestran que entrenar un solo modelo avanzado de IA puede generar tantas emisiones de dióxido de carbono como cinco autos durante toda su vida útil.

Según National Geographic, “generar un texto de 100 palabras en ChatGPT consume, en promedio, 519 mililitros de agua, el equivalente a una botella. Este consumo, que puede parecer mínimo en la escala de una sola consulta, se magnifica cuando se analiza el impacto a gran escala.”

Con la viralización de la creación de Imágenes del Studio Ghibli y demás se estima que el consumo de agua utilizado fue de 216 millones de litros de agua en la última semana.

Tecnología con huella de carbono

No es solo la electricidad. La fabricación y el descarte de servidores, procesadores y sistemas de refrigeración necesarios para la IA también generan contaminación electrónica. Además, la mayoría de estos sistemas sigue dependiendo de fuentes de energía no renovables, lo que agrava aún más la crisis climática.

Según un artículo de lanacion.com.ar, Google mencionó que “durante el año 2023, sus emisiones totales de dióxido de carbono han ascendido a 14,3 millones de toneladas, lo que supone un aumento de un 48 por ciento con respecto a las emisiones registradas en 2019.”


 

Búsqueda de soluciones sostenibles

Ante este panorama, las grandes empresas tecnológicas y centros de investigación están explorando opciones más sostenibles. El uso de energías renovables en los centros de datos, la optimización de algoritmos para reducir el consumo energético y el reciclaje de hardware son algunas de las estrategias que ya se están implementando.

Un desafío global

La inteligencia artificial trae muchísimos beneficios, pero su impacto ecológico es un desafío que no podés ignorar. Es clave que universidades, empresas tecnológicas y gobiernos trabajen juntos para minimizar su huella ambiental y asegurarse de que el futuro de la IA sea realmente sostenible.

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